10 de diciembre de 2017

Como cada día




Como cada día y a la misma hora acabaron su paseo en las escaleras del parque, Manolo, Athos, Portos, Aramis y Dartagnan miraban pasar a la gente, de tanto en tanto alguna carantoña o una chuchería y seguían mirando. Dartagnan era el más joven y a veces no contenía sus impulsos cuando las palomas se acercaban pero el desinterés de los otros apagaba sus ansias.

Manolo era el director de esa pequeña orquesta de soledades, decidía el cómo y el cuándo y en ordenada secuencia todos ejecutaban los mismos movimientos. Antes de que el reloj tocara la media, se levantaban como accionados por un resorte y se alejaban con pasos lentos. Sin palabras. Sin sonidos. Solo el paso del tiempo.

29 de noviembre de 2017

Citas de aniversario

Disfrutando de los últimos días del mes de noviembre y no quiero acabar el mes sin celebrar mis tres años de Enredando con las letras, llego a estas fechas con las mismas ganas y la alegría que tenía allá por el 2014 cuando me animé a compartir mis historias en un blog.

19 de noviembre de 2017

Las palabras que viven en mi



Un día puede convertirse en un gran día en función de nuestras decisiones. 
¿Qué palabras viven en ti? 
¿Qué haces con ellas? 
¿Dejamos que nos habiten o nos visiten sin quedarse o igual hasta que se enquisten en nosotros? 
¿Qué prefieres? 
Es tu actitud la que decide.




















Celia levantó la vista del libro electrónico mientras pensaba en eso. ¿Y ella qué elegía?

Su autobús se había detenido esperando que el que les precedía despejara el camino. Dos niños que corrían atrajeron su atención, iban a toda velocidad por la acera arrastrando tras de sí abultadas mochilas mientras sus manos levantadas le pedían espera al conductor del otro autobús.

29 de octubre de 2017

Cuestión de ética 2




Ir a la 1a parte

No pude evitar sentir pena y una enorme decepción por la cobardía de Gustavo. Se me acumulaban las preguntas.

Recordaba a Julián y el desprecio que me provocaba. Me asqueaba su manera de mirar  casi desnudándote y la voracidad y rabia que intuías llevaba dentro. 

Me levanté acercándome a la cocina, cogí mi móvil y por un momento pensé en llamar a Gustavo pero lo descarte, estaba demasiado cabreada con él y no quería arrepentirme de mis palabras. Cogí las llaves del coche y conduje durante más de media hora.

La casona era la cabaña en el monte que tenía Gustavo, una vieja cabaña herencia de sus padres a la que en alguna ocasión habíamos ido con los de la asociación. No había nada demasiado cerca, el pueblo más cercano estaba a diez minutos. Yo no era miedosa pero no le había dicho a nadie que me acercaba hasta allí, así que a toda prisa escribí un mensaje a mi amiga Mariola.

Estoy en la casona de Gustavo. Luego te cuento.

Enviar el mensaje me tranquilizó. ¡Ay mamá, cada vez nos parecemos más! Bajé del coche y me acerqué hasta la puerta de madera. Me costó un rato encontrar la maceta en la que guardaba la llave. Estaba sudando antes de entrar aunque ya no sé si era por el esfuerzo o de preocupación.

20 de octubre de 2017

Cuestión de ética



Querida Paloma.
Me duele saber que te defraudaré y te pido perdón por ello pero no puedo cambiar ni lo que pasó ni lo que fui.
Aquella extraña carta llegó a mis manos en uno de esos días en los que todo me salía mal. Mi despertador no sonó y salí de casa con más de media hora de retraso, sin coger el paraguas y mientras se me escapaba el autobús, el cielo decidió abrirse. Después algunos dirían que fueron escasos minutos y un chaparrón de verano pero yo llegué a la oficina como recién salida de la piscina. Después, mi día tampoco mejoró porque cuando un día empieza del revés, ya se sabe que cuesta enderezarlo.

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