11 de septiembre de 2017

Un día de verano

Sofía decidió justo en ese momento que le gustaba la playa pero no una cualquiera sino esa de altos acantilados. Para entrar en el agua era necesario atravesar un manto de cantos rodados y de múltiples erizos que, escondidos, parecían esperar a los incautos para darles un espinoso mordisquito.

Había llegado huyendo de chillidos, parasoles y balones de todas esas orillas quizás mucho más bonitas pero que perdían su belleza por la forzada intimidad de los cuerpos al sol. Al llegar allí se había sentido arropada con esa generosidad que tiene la naturaleza. Sí, le gustaba esa cala.
  

1 de septiembre de 2017

Volviendo...

El verano y las vacaciones van llegando a su fin y aunque sigo recordando el sol y la sal en la piel toca ya incorporarse, eso sí saboreando la calma y el sosiego que proporciona ese tiempo que es solo de uno, en el que se olvidan las obligaciones y los relojes y se disfruta del tiempo al aire libre, del mar, de la montaña, de la familia, de los amigos... de todo eso que es lo que realmente importa. 

No puedo dejar de dedicar en Enredando con las letras unas palabras a mi ciudad y al terror e irracionalidad que hemos sufridos este agosto del 2017.

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Aún conmocionada, con una tristeza inmensa, las emociones a flor de piel y con ese grito que como tantos barceloneses hice mío No tinc por, No tengo miedo, quiero destacar de esta barbarie que hemos sufrido el cariño, la solidaridad, la generosidad, el amor, los pequeños gestos de desconocidos y personas anónimas que no dudaron en ayudar a quiénes lo necesitaban y que me hacen sentir muy orgullosa de mi ciudad y de mi gente.

Destacar la labor de tantos y tantos funcionarios, esos policías (todos, los de aquí y los de allí) equipos de emergencia, médicos, enfermeros, bomberos… y a tantas personas anónimas que estuvieron a la altura. Gracias a ellos y no a aquellos que ni siquiera en momentos así saben estar, lo primero siempre es la vida y la gente. ¿Cuándo se entenderá eso?

Para finalizar con estas letras improvisadas quiero señalar el gesto de ese padre que perdió a su hijo de tres años abrazado al Imán de su ciudad, que salió en la prensa y en la televisión y que también algunos han criticado. ¡Qué fácil es juzgar y criticar! A mí me emocionó la generosidad de esos padres, de esa familia llena de dolor y ese homenaje a su hijito muerto, que el odio no gane.



Estos días he vuelto a pasear por las calles de mi ciudad y a pesar del dolor, de la tristeza inmensa que está ahí y que es difícil de olvidar, no van a conseguir que tengamos miedo. Espero que aquellos que utilizan el odio, el dolor y las masacres para atemorizar NUNCA lo consigan.


He acompañado estas palabras de la imagen usada para la manifestación del sábado 26 de agosto en Barcelona del artista Frederic Amat y la del homenaje espontáneo que hicieron las personas en la Rambla y de la Casa Batlló es de una gran fotógrafa y amiga Muntsa López.
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6 de julio de 2017

Hasta pronto.


Tiempo de verano...

Queridos compañeros de letras me tomo un pequeño descanso para recuperar fuerzas. 

Nos vemos en septiembre.



"¿Mi mejor verano? Sin duda, uno que todavía no he vivido". Philip Roth.
"¡Eres el ruido del mar en verano!" Vicente Huidobro, Canto II.


9 de junio de 2017

Grillar

Llevaba días escuchando aquel ruido en cualquier lugar, casi formaba parte de su cabeza. No conseguía explicarse por qué se le erizaba el vello y aunque se tapara los oídos, no desaparecía ni averiguaba el origen. 
No le daba tregua.

Criic-cric-c-cri-cr-criiiiic

Recordaba  uñas rasgando una pizarra, le producía escalofríos, todo lo molestaba y aquel ruido lo estaba volviendo loco.

Criic-cric-c-cri-cr-criiiiic

Había inspeccionado a fondo cada una de las habitaciones del pequeño apartamento en el que vivía, regalado a su vecina, las pocas plantas que apenas malvivían en su casa, revisado paredes, puertas, armarios… Y no había encontrado nada.

Criic-cric-c-cri-cr-criiiiic

21 de mayo de 2017

¿Existen las casualidades?

Sara cerró los ojos al leer el nombre mientras notaba desagradables punzadas en su estómago, la boca muy seca y el corazón a mil por hora.

¿Existían las casualidades?

De repente volvía a ser una niña en el patio de la escuela mirando al grupito de aquellas que creía sus amigas y que ahora esquivas y distantes la ninguneaban. 

¡Cómo dolía!

Cuando tocaba el timbre anunciando el recreo siempre era la última en salir de clase, le gustaba recoger sus cosas, guardarlas en el pupitre y colocar los bolígrafos en el estuche con parsimonia hasta que los profesores la urgían a salir del aula. Odiaba aquellas carreras a su alrededor, las camarillas en las que no se sentía bienvenida, las risas y chanzas en las que no participaba y de las que con más frecuencia de la que le gustaría parecía ser la protagonista. 

Si pudiera tener superpoderes se pediría ser invisible.
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